La fractura silenciosa en la Gran Logia de España
Cuando un grupo de jubilados británicos afincados en la costa mediterránea logra «dinamitar» la cúpula de la principal obediencia masónica española, la noticia trasciende el culebrín interno para revelar algo mucho más profundo: la crisis de la Gran Logia de España es el reflejo de un choque entre dos modelos antagónicos que definen el futuro de la Orden en el siglo XXI. Shaun Parsons-Herrera, nuevo Gran Maestro de la Gran Logia de España (GLE), no es solo un nombre en un organigrama: simboliza un terremoto silencioso que enfrenta la tradición centralizada de corte inglés con una apertura democrática y colegiada. La respuesta a esta pugna marcará el rumbo de la masonería regular en nuestro país.
El «golpe de Estado» de la logia Luz del Mediterráneo
El origen del conflicto se localiza en la logia Luz del Mediterráneo, una dependiente de la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE) que reúne a masones británicos retirados en la costa levantina. Según ha publicado El Confidencial, este grupo habría tejido una red de apoyos lo suficientemente sólida como para impulsar la candidatura de Parsons-Herrera, masón de origen anglosajón con raíces españolas, y desplazar del poder al anterior Gran Maestro, Óscar de Alfonso.
La maniobra no fue improvisada. Durante meses, el sector crítico denunció lo que consideraba una «falta de democracia interna» y una «opacidad» en la gestión saliente. El nuevo equipo, en declaraciones recogidas por el mismo medio, habría defendido que «la masonería española no puede ser un cortijo de unos pocos». La respuesta del bando derrotado fue inmediata: acusaron a los británicos de querer «colonizar» la GLE y de imponer un modelo de «logia de negocio», alejado de los valores iniciáticos tradicionales.
El resultado es una fractura que, según fuentes de El Triangle, ha desembocado en una «guerra abierta» entre dos facciones irreconciliables. La Gala Musical que marca el cierre del Cambio de Mando, celebrada recientemente, no fue un acto festivo, sino el escenario de una tensión contenida que apenas disimula la profundidad del cisma.
Dos modelos de gobernanza en pugna
Detrás de las acusaciones personales subyace un choque estructural de primer orden. Por un lado, la corriente liderada por Óscar de Alfonso representa el modelo tradicional de la masonería regular española: una estructura centralizada, con un Gran Maestro que acumula amplias atribuciones discrecionales, y una relación estrecha, aunque no oficial, con determinados círculos del poder político y económico. Este modelo, heredado en parte de la tradición latina, ha sido criticado por su falta de transparencia y por la concentración de poder en pocas manos.
Frente a esta visión, la facción de Parsons-Herrera propone un modelo más cercano al anglosajón: mayor colegialidad en la toma de decisiones, rendición de cuentas periódica y una apertura a la sociedad civil que permita a la masonería española recuperar el prestigio perdido. No es casual que el nuevo Gran Maestro provenga del entorno de la UGLE, donde la gestión de las logias se caracteriza por una mayor descentralización y un protocolo menos hermético.
Este debate no es nuevo en la historia de la masonería universal. Desde el siglo XVIII, la tensión entre el modelo centralista, asociado a ciertas obediencias francesas, y el descentralizado inglés ha marcado las divisiones internas de la Orden. Lo que hace singular el caso español es que ambas corrientes conviven dentro de la misma obediencia, y el conflicto ha estallado con una virulencia inusitada.
La sombra de la política partidista
El artículo de The Objective añade una dimensión especialmente delicada: la posible implicación del PSOE en las maniobras internas de la GLE. Según este medio, el partido en el Gobierno «maniobra para seguir controlando la principal logia masónica de España». Aunque la información debe tomarse con cautela, la masonería regular mantiene formalmente su independencia de cualquier poder político, no es ningún secreto que históricamente ha existido una relación de influencia mutua entre determinadas logias españolas y círculos del poder civil.
Si esta conexión se confirmara, el conflicto interno de la GLE dejaría de ser un asunto estrictamente masónico para convertirse en un factor de interés público. La independencia de la Orden respecto al poder político es uno de los principios fundamentales de la masonería regular, recogido en sus constituciones desde 1723. Cualquier indicio de instrumentalización partidista no solo dañaría la credibilidad de la GLE, sino que pondría en riesgo su reconocimiento internacional por parte de la UGLE.
Consecuencias para la masonería española
El desenlace de esta pugna tendrá consecuencias prácticas inmediatas. En primer lugar, la agenda de reformas estatutarias que el nuevo equipo ha anunciado, mayor transparencia financiera, renovación de los cuadros directivos, apertura de nuevas logias, chocará con la resistencia del sector tradicional, que aún conserva influencia en las logias más antiguas y en los órganos de gobierno intermedios.
En segundo lugar, la relación con el poder civil podría resentirse. Si la facción de Parsons-Herrera cumple su promesa de distanciar a la GLE de cualquier vinculación partidista, es probable que se produzca un enfriamiento de las relaciones con determinados actores políticos. Por el contrario, si se demuestra que el nuevo equipo mantiene los mismos vínculos que el anterior, la credibilidad de la institución se vería seriamente dañada.
Por último, el conflicto está llamando la atención de las grandes obediencias internacionales. La UGLE, que mantiene relaciones fraternales con la GLE, observa con preocupación un cisma que podría debilitar la unidad de la masonería regular en España. No sería la primera vez que una intervención externa intenta mediar en un conflicto interno, pero el resultado siempre es incierto.
Una encrucijada histórica
La masonería española se encuentra en una encrucijada que recuerda a otros momentos de su historia: la crisis de finales del siglo XIX, la represión franquista o la compleja transición a la democracia. En todas esas ocasiones, la Orden supo reinventarse sin perder su esencia. Hoy, el desafío es diferente: no se trata de sobrevivir a una persecución externa, sino de resolver una contradicción interna entre dos formas de entender la masonería.
El clan de los jubilados británicos no es el problema; es el síntoma de una fractura más profunda. La masonería regular española necesita encontrar un equilibrio entre la tradición que la define y la modernidad que la sociedad exige. Si no lo logra, corre el riesgo de quedarse anclada en el pasado o, peor aún, de diluir su identidad en un modelo que no le es propio.
La elección de Shaun Parsons-Herrera puede ser el principio de una renovación necesaria o el detonante de una ruptura definitiva. El tiempo dirá si la GLE es capaz de convertir esta crisis de la masonería española en una oportunidad para fortalecerse, o si, por el contrario, el cisma se consolida y la masonería regular española se fragmenta en dos corrientes irreconciliables. Lo que está en juego no es solo el control de una obediencia, sino el futuro de una tradición centenaria que, en España, siempre ha sabido renacer de sus cenizas.