El 'juicio a la masonería' en Francia: un espejo para la Orden universal
El ‘juicio a la masonería’ en Francia: un espejo para la Orden universal
El proceso judicial abierto en Francia contra el Gran Oriente de Francia (GODF) por un presunto sistema de tráfico de influencias para obtener la Legión de Honor ha sacudido a la masonería europea. No es un ataque a la Orden. Es una oportunidad histórica para demostrar que la masonería cree de verdad en la transparencia, la legalidad y los valores republicanos que dice defender.
Los hechos: una investigación sin medias tintas
La investigación se centra en concesiones de la Legión de Honor entre 2012 y 2017. Según el diario El Mundo, unos 60 legionarios habrían conseguido la distinción a través de contactos masónicos, sin méritos que lo justificaran. Entre los investigados hay altos cargos del GODF y al menos un exempleado de la Gran Cancillería de la Legión de Honor.
Los delitos son graves: tráfico de influencias, corrupción activa y pasiva, favorecimiento y asociación para delinquir. En octubre de 2023, la policía judicial francesa registró la sede del Gran Oriente de Francia en París y los domicilios de varios dirigentes masónicos. Un golpe de efecto que ha puesto a la masonería gala en el centro del debate público.
La respuesta del GODF: el camino correcto
La reacción del Gran Oriente de Francia ha sido la única coherente con los valores masónicos. En un comunicado oficial, la obediencia rechaza cualquier práctica sistemática de tráfico de influencias, se pone a disposición de la justicia y afirma colaborar plenamente con la investigación.
El GODF recuerda que la masonería francesa es laica, republicana y actúa dentro del marco de la ley. Señala que son casos individuales, no una práctica institucionalizada. Esta postura de transparencia y colaboración es la que debe prevalecer. Quien nada oculta, nada teme.
Un contexto histórico que pesa
Francia es el país con mayor densidad de masones de Europa. Se estima que hay entre 100.000 y 150.000 masones activos, distribuidos en unas 1.200 logias. El Gran Oriente de Francia, fundado en 1773, es la obediencia más antigua de Europa continental y una de las más influyentes en la historia de la República.
Históricamente, muchos masones han recibido la Legión de Honor, creada por Napoleón Bonaparte en 1802. El sistema de concesión siempre ha sido criticado por su opacidad. En Francia, se calcula que entre el 15% y el 20% de los miembros de la Asamblea Nacional han sido masones en diferentes legislaturas. La porosidad entre el mundo político y el masónico es real.
No podemos ignorar los antecedentes. El caso más grave en la historia reciente de la masonería europea fue la Logia Propaganda Due (P2) en Italia, descubierta en 1981. Aquella trama implicaba a altos cargos del Estado, servicios secretos, la mafia y el Vaticano en una red de corrupción, evasión de capitales y planes golpistas. La P2 fue disuelta por ley. Diferencia clave: en el caso francés actual no hay indicios de delitos contra el Estado ni planes golpistas; se trata de corrupción administrativa. Pero la sombra de la P2 sigue planeando sobre cualquier escándalo masónico.
¿Por qué este caso importa a la masonería universal?
Pone a prueba la credibilidad de la masonería como institución ética. La masonería siempre ha defendido la búsqueda de la verdad y la justicia. Un escándalo de tráfico de influencias contradice esos principios de raíz. La respuesta del GODF, colaboración y transparencia, es la única coherente.
Afecta a la percepción pública de la Orden. En países como Francia, donde la masonería ha sido vista como un poder fáctico, estos casos alimentan el imaginario conspirativo. Las obediencias masónicas necesitan comunicar con claridad. Sin ambages.
Oportunidad de autorregulación. La masonería francesa puede salir fortalecida si demuestra que corrige sus desviaciones internas. Algunas logias ya han propuesto crear comités de ética independientes para la concesión de recomendaciones.
Lección para otras obediencias. Grandes Logias y Orientes de todo el mundo deben revisar sus protocolos sobre relaciones con el poder político y las condecoraciones. La transparencia no es debilidad. Es fortaleza institucional.
Mirando al futuro: una oportunidad para la renovación
El juicio a la masonería en Francia no es un ataque a la Orden. Es un espejo en el que mirarnos. La masonería no debe temer a la justicia; debe abrazarla como parte de su compromiso con la verdad. Este caso recuerda que el mandil no es un salvoconducto. Es una responsabilidad.
La masonería universal observa con atención lo que ocurre en Francia. De cómo se resuelva este proceso dependerá en buena medida la percepción pública de la Orden en los próximos años. Las obediencias de todo el mundo deben tomar nota: la ejemplaridad ética es el primer mandil que todo masón debe vestir. Y la transparencia, la mejor herramienta para desmontar los mitos y las conspiraciones que históricamente han rodeado a la institución.
El GODF tiene ahora la oportunidad de demostrar que la masonería no es una red de influencias, sino una escuela de ciudadanos comprometidos con el bien común. Esperemos que sepa estar a la altura.