Masonería aragonesa recupera su templo en Huesca tras 90 años de silencio
El 2 de julio de 2026 pasará a los anales de la masonería española como una fecha de reencuentro con la memoria. Ese día, la masonería aragonesa celebró una tenida en un templo estable en Huesca capital, casi noventa años después de que la última logia de la ciudad, “Luz de Huesca”, fuera clausurada por la fuerza tras el golpe de Estado de 1936. La noticia, recogida por la Cadena SER y El Diario de Huesca, no es un mero acontecimiento local: es la constatación de que la luz iniciática, perseguida y silenciada durante décadas, nunca se apaga del todo.
El peso de la historia: de la represión a la reconstrucción
Para entender la dimensión de este regreso hay que retroceder hasta el primer tercio del siglo XX. La masonería en Aragón tuvo una presencia significativa, sobre todo en Zaragoza. Pero también en Huesca, donde la Logia “Luz de Huesca” (o “Luz Oscense”), dependiente del Gran Oriente Español, trabajó entre 1923 y 1936. Sus miembros eran profesionales liberales, maestros, abogados y comerciantes que compartían los ideales de libertad de conciencia y perfeccionamiento humano.
Con el estallido de la Guerra Civil, todo se derrumbó. La represión franquista contra los masones fue sistemática y brutal. Según los archivos del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, entre 1936 y 1945 fueron ejecutados o encarcelados más de 10.000 masones en toda España. La Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, promulgada el 1 de marzo de 1940, declaró ilegal a la Orden y persiguió a sus miembros hasta la Transición. En Huesca, como en tantas otras ciudades, el templo fue clausurado, los archivos confiscados y los hermanos, dispersados, encarcelados o asesinados.
Tras la muerte de Franco, la masonería española inició un lento pero firme proceso de reorganización. La Gran Logia de España (GLE) fue refundada en 1982. El Gran Oriente de España (GOE) retomó sus trabajos en 2001. En Aragón, la actividad se concentró principalmente en Zaragoza, con logias como “Luz de Aragón”, fundada en 2002 bajo la GLE, que ha servido de base para la expansión hacia Huesca y Teruel. Pero la capital oscense, herida por la represión, permanecía sin un templo estable desde 1936.
El regreso: una tenida que es mucho más que un ritual
La tenida celebrada en Huesca no fue un acto puntual ni una reunión itinerante. Según las fuentes consultadas, se trata de la constitución de una logia estable. Eso implica un espacio físico permanente y un grupo de masones comprometidos a trabajar regularmente en la ciudad. Es, en palabras de los propios protagonistas, la culminación de años de esfuerzo silencioso por recuperar el lugar que la masonería ocupó en la sociedad oscense.
La noticia adquiere un significado especial al compararla con otros procesos de recuperación en España. En Cataluña, la Logia “Lleida” (dependiente del Gran Oriente de Francia) fue refundada en 2015 y cuenta con unos 30 miembros. En Sevilla, la masonería ha crecido un 15% en los últimos cinco años, según declaraciones de Fernando Miguel Anaya-Gámez al Diario de Sevilla. Él afirmó que “la masonería es un producto humano y, por tanto, imperfecto”. Una reflexión que subraya la autocrítica y la evolución constante de la Orden.
Cifras que contextualizan: la masonería en España y el mundo
Para calibrar la relevancia de este regreso, conviene situarlo en el mapa de la masonería contemporánea. En España hay entre 10.000 y 12.000 masones activos, distribuidos en unas 150-200 logias. En Aragón, la cifra ronda los 200-300 miembros, concentrados mayoritariamente en Zaragoza. La vuelta a Huesca representa una expansión significativa en una provincia donde la Orden había estado ausente durante generaciones.
En el contexto internacional, la masonería sigue siendo una fuerza viva. Francia, con aproximadamente 150.000 masones activos, es el país con mayor densidad masónica de Europa. También es escenario de controversias, como el “juicio a la masonería” que ha sacudido la opinión pública gala, según informó El Mundo. En Iberoamérica, la Gran Logia de Chile, fundada en 1862, recibió recientemente a delegaciones masónicas extranjeras en La Moneda. Un gesto de diplomacia institucional que refleja la creciente influencia de la Orden en la región.
Un mensaje de esperanza frente a la adversidad
El regreso de la masonería a Huesca se inscribe en un movimiento más amplio de recuperación de la memoria histórica y de normalización institucional de la Orden en España. Tras décadas de persecución y clandestinidad, la masonería española ha logrado reconstruir su red de logias, templos y relaciones públicas. Ni la violencia ni el ostracismo lograron extinguir la llama de la fraternidad.
Frente al ruido mediático de los escándalos o las polémicas religiosas, como la reciente declaración de la Conferencia Episcopal Nórdica, que reiteró la incompatibilidad entre la fe católica y la pertenencia a la masonería, esta noticia ofrece un relato de resiliencia silenciosa. La masonería no es una institución del pasado. Es una fuerza viva y en expansión, que sigue creciendo en provincias y ciudades medianas donde su labor filantrópica y cultural es más visible y valorada.
Perspectiva de futuro: la luz que nunca se apaga
Para los masones de todo el mundo, Huesca es un recordatorio de que la luz iniciática nunca se apaga del todo. La constitución de una logia estable en una ciudad que vivió la represión en carne propia es un testimonio: los valores de libertad de conciencia, fraternidad y perfeccionamiento humano trascienden las épocas de oscuridad.
Queda por ver cómo evolucionará esta nueva logia oscense. Qué proyectos filantrópicos y culturales impulsará. Cómo será recibida por una sociedad que durante casi un siglo ha vivido sin la presencia visible de la masonería. Pero una cosa es segura: el 2 de julio de 2026, en algún lugar de Huesca, un grupo de hombres y mujeres volvió a encender la luz. Y esa luz, como la de todas las logias del mundo, sigue trabajando por un mundo mejor.