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Masonería en Huesca: primera tenida en templo propio

Redacción Cámara de Maestro · 6 de julio de 2026

La masonería en Huesca ha alcanzado un hito significativo con la celebración de una tenida en un templo estable por primera vez en décadas. La Cadena SER ha informado de que la masonería aragonesa ha recuperado su presencia institucional en la ciudad oscense, celebrando una reunión ritual en un espacio permanente. Este acontecimiento, que trasciende lo meramente simbólico, representa la culminación de un proceso de restauración de la actividad masónica en la provincia.

La masonería en Huesca recupera un espacio permanente

El término tenida designa las reuniones rituales de la masonería, el núcleo del trabajo iniciático. La celebración de una tenida en un templo estable, un espacio diseñado y consagrado para los trabajos masónicos, no un local alquilado o prestado, marca un punto de inflexión. Hasta ahora, los masones de Huesca y su provincia se habían visto obligados a reunirse en espacios eventuales o a desplazarse a Zaragoza, donde la Gran Logia de Aragón mantiene su sede principal. La existencia de un templo fijo en Huesca implica una inversión material y un compromiso institucional que solo se explica por la consolidación de un núcleo estable de miembros.

Según la información difundida por la Cadena SER, el evento fue organizado por miembros de la masonería aragonesa, vinculados a la Gran Logia de Aragón. Este matiz es relevante porque distingue el acto de una reunión social o conferencia pública: se trata del trabajo masónico propiamente dicho, el que se realiza a puerta cerrada y constituye la esencia de la vida de la Orden. Un templo estable permite, además, una mayor profundidad ritual y un sentido de continuidad en los trabajos, al disponer de un espacio consagrado permanentemente con la simbología propia del rito.

Contexto histórico de la masonería oscense

Para entender la relevancia de esta tenida, es necesario recordar que Huesca no es una tierra virgen para la masonería. Antes del golpe de Estado de 1936, la provincia oscense contó con logias activas, como la Luz de Aragón, que operó en la capital, y Los Sitios de Zaragoza, que aunque radicada en la capital aragonesa, tenía miembros en toda la región. La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista barrieron cualquier vestigio público de la Orden, que fue perseguida, ilegalizada y forzada a la clandestinidad o al exilio. Durante décadas, la masonería en Aragón sobrevivió en pequeños círculos, a menudo vinculados a logias del exilio o a contactos internacionales.

El resurgir masónico en Aragón ha sido gradual. Tras la muerte de Franco, las primeras logias comenzaron a reorganizarse en la clandestinidad, y no fue hasta la década de 1980 cuando se produjo la refundación legal de varias obediencias. La Gran Logia de Aragón, reconocida oficialmente en 1990, agrupa actualmente a logias en Zaragoza, Huesca y otras localidades, y mantiene relaciones con obediencias nacionales e internacionales. El proceso de recuperación ha sido desigual: mientras Zaragoza ha mantenido una actividad constante, provincias como Huesca y Teruel han visto una presencia más intermitente. La apertura de un templo estable en Huesca es, por tanto, la culminación de un proceso de recuperación de la memoria histórica y de normalización institucional.

Implicaciones para la masonería aragonesa

La instalación de un templo estable en Huesca no es un hecho aislado, sino que puede tener consecuencias prácticas para el desarrollo de la masonería en toda la comunidad autónoma. En primer lugar, facilita la labor de captación de nuevos miembros, al ofrecer un punto de referencia físico donde los interesados pueden informarse y, eventualmente, solicitar su ingreso. En segundo lugar, permite una mayor regularidad en los trabajos masónicos, esencial para el progreso iniciático de los hermanos. Por último, contribuye a la descentralización de la masonería aragonesa, que hasta ahora dependía casi exclusivamente de Zaragoza como sede principal.

No obstante, el camino no está exento de desafíos. La masonería española sigue siendo una minoría en un país mayoritariamente católico y con una fuerte tradición de escepticismo hacia las organizaciones discretas. Además, la fragmentación del paisaje masónico español, con múltiples obediencias que a menudo compiten entre sí, puede dificultar la coordinación y la visibilidad unitaria. La Gran Logia de Aragón, sin embargo, ha demostrado una notable capacidad de resiliencia y de adaptación a las circunstancias locales, consolidando un espacio de trabajo serio y continuo.

Un paso hacia la normalización

La tenida celebrada en Huesca es mucho más que una anécdota: es un testimonio de que la masonería ha dejado atrás el exilio y la clandestinidad para integrarse plenamente en la sociedad democrática española. Cada templo que se abre, cada tenida que se celebra en un espacio permanente, es un ladrillo en la reconstrucción de una tradición que fue brutalmente interrumpida por la intolerancia. La masonería no puede vivir solo del pasado ni de la nostalgia; su futuro depende de su capacidad para conectar con los problemas del presente, para ofrecer un espacio de reflexión ética y de compromiso cívico. La logia de Huesca, con su templo estable y su tenida inaugural, ha dado el primer paso. Ahora queda demostrar que la luz que se encendió aquella noche no se apagará.