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Música masónica del XIX: el legado sonoro que vuelve a las logias

Redacción Cámara de Maestro · 30 de junio de 2026

La música masónica del siglo XIX es el eje central de una reciente tesis doctoral que rescata un centenar de partituras compuestas para logias españolas. El trabajo, defendido en la Universidad de Oviedo por el investigador Luis Antonio González, viene a recordarnos que las logias del siglo XIX no solo eran espacios de debate filosófico y filantropía, sino también talleres de creación sonora, donde la armonía musical era tan importante como la armonía moral. La investigación, recogida por medios como El Comercio y La Nueva España, abre una ventana a un patrimonio cultural que la represión franquista silenció y que hoy, lentamente, vuelve a sonar.

Música masónica del XIX: un legado sonoro en peligro de extinción

El estudio de González analiza un repertorio que incluye himnos, marchas fúnebres, piezas para tenidas solemnes y composiciones destinadas a las fiestas de los solsticios. “La música era un vehículo esencial para transmitir los valores masónicos: la fraternidad, la búsqueda de la verdad, la tolerancia”, explica el autor en su investigación. “No era un adorno: era parte del ritual, una herramienta pedagógica y emocional”.

Durante décadas, la historiografía masónica española se ha centrado en aspectos institucionales, políticos o biográficos, dejando de lado la dimensión artística. Esta tesis llena ese vacío y demuestra que la masonería del XIX no fue ajena al romanticismo musical que recorría Europa. Compositores como Hilarión Eslava, José de Aranguren o Julián Arcas, figuras conocidas en el ámbito musical pero no siempre vinculadas a la Orden, escribieron piezas para logias, muchas de las cuales se han conservado en archivos privados y bibliotecas históricas.

El eco de la represión

Uno de los aspectos más reveladores del estudio es cómo la represión franquista truncó esa tradición sonora. Tras la Guerra Civil, la masonería fue perseguida y sus archivos, incautados. Muchas partituras desaparecieron o fueron destruidas. “La música masónica no solo se silenció en las logias, que dejaron de existir, sino que se borró de la memoria colectiva”, señala González. “Recuperarla es también un acto de justicia histórica”.

Hoy, en la masonería española contemporánea, el uso de la música es más discreto que en el siglo XIX. Las tenidas suelen incluir momentos de silencio o piezas instrumentales breves, pero rara vez se interpretan los himnos originales de aquella época. “Hay un interés creciente por recuperar ese patrimonio”, afirma el investigador. “Algunas logias están empezando a incorporar estas obras en sus ceremonias, adaptándolas a los formatos actuales”.

¿Qué valores musicales perviven?

La tesis no solo rescata partituras, sino que analiza los valores simbólicos que la música transmitía. En el XIX, las composiciones masónicas solían estar escritas en tonalidades mayores, do mayor, sol mayor, asociadas a la claridad y la luz. Los ritmos eran solemnes, a menudo en compás de 4/4, y las letras, cuando las había, exaltaban la fraternidad, la igualdad y la libertad. “La música era un espejo de la ideología masónica: debía ser accesible, edificante y, sobre todo, unir a los hermanos en un mismo sentimiento”, explica González.

En la masonería actual, aunque el repertorio ha cambiado, pervive esa misma intención. Las piezas que se interpretan, desde el Himno a la alegría de Beethoven hasta composiciones contemporáneas, buscan crear un clima de recogimiento y comunidad. “La música sigue siendo un lenguaje universal que trasciende las palabras”, reflexiona el investigador. “En las logias, como en el XIX, no se trata de virtuosismo, sino de emoción compartida”.

Una mirada al futuro

La tesis de Luis Antonio González no es un caso aislado. En los últimos años, el interés académico por la masonería española ha experimentado un notable resurgir. Universidades como la Complutense, la de Sevilla o la de Oviedo han impulsado líneas de investigación que abordan desde la historia política hasta la antropología cultural de la Orden. La música, sin embargo, seguía siendo una asignatura pendiente.

Este trabajo abre la puerta a futuras investigaciones: ¿qué otras artes, pintura, arquitectura, literatura, estuvieron al servicio de la masonería del XIX? ¿Cómo se relacionó la Orden con el nacionalismo musical emergente? Y, sobre todo, ¿cómo puede la masonería contemporánea apropiarse de ese legado sin caer en la nostalgia?

Quizás la respuesta esté en las propias partituras. Algunas de ellas, como la Marcha fúnebre masónica de Aranguren, podrían sonar de nuevo en las tenidas del siglo XXI. No como un ejercicio de arqueología, sino como un recordatorio de que la masonería, en todas sus épocas, ha buscado la belleza como camino hacia la verdad. La música, como la luz, no entiende de fronteras ni de tiempos. Solo espera a que alguien la vuelva a interpretar.

Fuentes: Tesis doctoral de Luis Antonio González (Universidad de Oviedo); reportajes de El Comercio y La Nueva España (2025).