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Las Columnas Jakin y Boaz: Dualidad y Equilibrio

Redacción Cámara de Maestro · 9 de agosto de 2021

Dos columnas se alzan en el Templo de Salomón, en Jerusalén, según la narración bíblica. Jakin y Boaz no son meros soportes arquitectónicos, sino símbolos de una dualidad fundamental que la masonería ha integrado profundamente en su tradición: la idea de que todo equilibrio, toda armonía, toda perfección emerge del balance entre fuerzas complementarias. Este artículo explora el significado histórico, teológico y masónico de estas dos columnas, su presencia en las logias del mundo y lo que representan para el masón que camina hacia el perfeccionamiento.

Origen bíblico: Las columnas del Templo de Salomón

El primer libro de Reyes (7:15-22) relata que el rey Salomón, al construir el Templo de Yahvé, encargó al maestro Hiram de Tiro la fundición de dos columnas de bronce destinadas al pórtico. Según el texto bíblico, estas columnas poseían una altura extraordinaria: dieciocho codos cada una (aproximadamente nueve metros), coronadas por capíteles esculpidos con ornamentación de lirios y granadas.

La primera columna fue llamada Jakin, cuyo nombre en hebreo (יכין) significa “él establecerá” o “será establecido”, expresando el concepto de estabilidad y fundación. La segunda se denominó Boaz, cuyo nombre (בעז) significa “en él está la fuerza” o “fortaleza del Señor”, aludiendo a la potencia divina y la solidez inamovible.

Aunque el texto escriturario ofrece principalmente datos arquitectónicos, la masonería ha desarrollado una interpretación simbólica de estas columnas que trasciende los detalles constructivos. No se trata simplemente de dos pilares de bronce que flanqueaban la entrada del Templo, sino de la expresión material de principios universales que los antiguos reconocían como fundamentales en el orden del cosmos y en la estructuración del ser humano.

Significados complementarios: Una lectura masónica

En el contexto de la masonería especulativa, Jakin y Boaz representan pares de cualidades que se equilibran y se completan entre sí:

Estabilidad y Movimiento

Jakin, el establecimiento o la fundación, evoca la idea de arraigo, de lo que permanece, de la solidez del principio. Es la pasividad relativa, la receptividad, lo que está fijo y seguro. Boaz, la fortaleza, sugiere la acción, la dinamicidad, el poder que obra y transforma. Juntas, simbolizan que la vida verdadera no es ni puro estatismo ni caos permanente, sino el diálogo vivo entre lo permanente y lo cambiante.

Fuerza y Belleza

Una interpretación clásica asocia Jakin con la Belleza (en hebreo, Netzach) y Boaz con la Fuerza (Gevurah). La belleza sin fuerza es frágil, ilusoria; la fuerza sin belleza es bruta, destructiva. El masón que aspira a la sabiduría entiende que ambas cualidades deben coexistir: la elegancia de la forma y la solidez de la sustancia, la gracia y el vigor, la sensibilidad y la determinación.

Sabiduría y Poder

Una tercera lectura vincula Jakin con la Sabiduría (lo femenino, lo intuitivo, lo receptivo) y Boaz con el Poder (lo masculino, lo activo, lo directivo). No en el sentido de géneros biológicos, sino de principios complementarios presentes en todo ser: el conocimiento reflexivo y la capacidad de acción, la inspiración y la ejecución. El templo interior de cada masón se construye cuando logra integrar armónicamente ambos principios.

Misericordia y Severidad

En la Cábala occidental, Jakin se relaciona frecuentemente con la Misericordia y Boaz con la Severidad. La justicia verdadera no es ni clemencia sin límite ni castigo despiadado, sino la síntesis: la capacidad de comprender con compasión y de actuar con equidad. Las columnas enseñan que gobernar, dirigir, vivir en comunidad, requiere esta dualidad consciente.

Simetría masónica: Representación en las logias

En las logias masónicas de todas las tradiciones, las Columnas Jakin y Boaz ocupan un lugar privilegiado. Flanquean típicamente la entrada a la logia o el ingreso al Oriente, creando un pórtico simbólico que marca la transición entre el mundo profano y el espacio sagrado del trabajo masónico.

Esta disposición espacial no es casual. El masón que traspasa ese umbral lo hace en plena conciencia de que entra en un lugar donde ciertos principios rigen su conducta: la búsqueda de la sabiduría, el ejercicio responsable del poder, la armonía entre fuerzas contrarias. Las columnas son guardianes silenciosos de esa intención.

Muchas logias decoran estas columnas con decoraciones especiales:

  • Capiteles ornamentados, que evocan la magnificencia del Templo de Jerusalén y apelan al sentimiento de que la logia es un refugio de belleza en un mundo agitado.
  • Inscripciones de las palabras Jakin y Boaz, en caracteres hebreos o en la lengua de cada obediencia, asegurando que el simbolismo permanezca consciente.
  • Simbolismo cromático, donde Boaz suele asociarse a colores oscuros (negro, rojo) y Jakin a colores claros (blanco, azul), reforzando la idea de dualidad y contraste.
  • Figuras geométricas en su base o capitel: círculos, cuadrados, o la letra G masónica, conectando las columnas con otros símbolos de la orden.

En algunos rituales masónicos, los grados simbólicos (Aprendiz, Compañero, Maestro) se relacionan de manera particular con estas columnas. El Aprendiz nace bajo su influencia; el Compañero las contempla en profundidad; el Maestro comprende su verdadero significado. Así, las columnas acompañan toda la trayectoria del masón.

Equilibrio de contrarios: Una enseñanza de armonía

La importancia de Jakin y Boaz en el pensamiento masónico radica en la lección profunda que contienen: el mundo no funciona por la victoria de un extremo sobre otro, sino por el equilibrio dinámico de fuerzas opuestas.

Esta idea es coherente con muchas tradiciones sapienciales. La filosofía taoísta expresó esta verdad mediante el yin y el yang; la tradición hermética la reconoció en el principio de la polaridad; la cábala la estructuró en el Árbol de la Vida, donde columnas de misericordia y severidad flanquean el camino central de la iluminación.

La masonería retoma esta universalidad y la implanta en el corazón de su simbolismo. No hay pureza absoluta sin impureza relativa; no hay luz sin sombra; no hay crecimiento sin conflicto. El masón instruido no busca eliminar una de las columnas, sino aprender a caminar entre ambas, desarrollando la flexibilidad y la madurez que esa marcha requiere.

Aplicación en la vida profana

Este equilibrio no es meramente teórico. La logia enseña a sus miembros que cualquier proyecto humano, ya sea personal, familiar, social o político, prospera cuando integra la dualidad:

  • El reformador social necesita tanto la compasión que lo mueve (Jakin) como la determinación para perseverar ante la resistencia (Boaz).
  • El artista requiere la disciplina técnica (Boaz) y la inspiración creativa (Jakin).
  • El gobernante debe conjugar la escucha empática (Jakin) con la decisión firme (Boaz).
  • El ciudadano consciente desarrolla el pensamiento crítico que cuestiona (Boaz) y la apertura de mente que reconoce lo que ignora (Jakin).

Resonancia histórica y universal

Aunque el símbolo nace de la tradición bíblica y arquitectónica, su poder es anterior a esas expresiones concretas. La dualidad de Jakin y Boaz responde a una intuición que aparece en prácticamente todas las culturas humanas: la comprensión de que la realidad se teje con contrarios complementarios.

En Mesoamérica, los pueblos mayas reconocían la dualidad del cosmos. En Oriente, el Buda enseñó el camino del medio entre extremos. Los antiguos griegos vieron en los dioses tanto lo ordenado (Apolo) como lo caótico (Dioniso). La masonería, como heredera de esta sabiduría perenne, reclama las columnas como expresión de una verdad transversal.

Lo interesante es que la masonería no inventa el significado de Jakin y Boaz, sino que lo redescubre y lo vitaliza. Toma unos símbolos que proceden del Templo de Salomón, un edificio que, históricamente, nunca fue tan majestuoso como la tradición lo presenta, y los rescata de la arqueología para convertirlos en herramientas del perfeccionamiento humano.

Ausencia de revelación dogmática

Cabe notar que la masonería, en su diversidad, no impone una única interpretación de las columnas. No existe un catecismo único que defina qué significa exactamente Jakin y Boaz para todo masón. Esto es coherente con el espíritu de la Orden: cada hermano, trabajando bajo el patrocinio de la luz simbólica, está invitado a profundizar en estos símbolos y a descubrir en ellos resonancias personales, filosóficas o espirituales.

Esta apertura interpretativa es una fortaleza, no una debilidad. Significa que las columnas sirven tanto al masón materialista que las ve como principios de equilibrio psicológico, como al masón religioso que reconoce en ellas la acción de la Providencia. Ambos, caminando entre ambas columnas, avanzan en el camino de la sabiduría.

Conclusión

Jakin y Boaz permanecen en pie, simbolicamente, en toda logia masónica del mundo. Son recordatorios de una verdad que no envejece: que la plenitud humana no viene de aferrarse a un extremo y rechazar otro, sino de desarrollar la capacidad de habitar el espacio intermedio, de integrar fuerzas complementarias, de ver en los opuestos no enemigos irreconciliables sino socios necesarios de la existencia.

El masón que aprende a caminar entre las columnas no busca convertirse en un héroe simplista que domina o destruye, sino en un ser sabio que entiende, que equilibra, que construye puentes. Y así, sus manos contribuyen, como las de los antiguos canteros, a la obra silenciosa pero incesante de la humanidad que se perfecciona a sí misma.

En última instancia, Jakin y Boaz invitan a cada hermano a hacerse a sí mismo una pregunta esencial: ¿En qué columna he estado encaramado, ignorante de la otra? ¿Qué fuerza complementaria estoy llamado a despertar? La respuesta es única para cada masón, pero el viaje entre las columnas es universal.