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Antimasonería

Redacción Cámara de Maestro · 6 de agosto de 2026

La antimasonería es el conjunto de actitudes y prácticas de desconfianza, crítica, oposición, discriminación, represión o persecución dirigidas contra la francmasonería. En su acepción más amplia, designa toda forma de oposición declarada a esta institución, que ha dado lugar históricamente a múltiples manifestaciones de discriminación religiosa, persecución violenta y supresión legal en diversos países y en el seno de distintas religiones organizadas, principalmente las religiones abrahámicas.

Se distinguen dos vertientes: la crítica doctrinal o filosófica, que cuestiona los principios o prácticas masónicas desde planteamientos teológicos o ideológicos, y la persecución política y jurídica, que se traduce en edictos, leyes restrictivas, prohibiciones o violencia contra los masones y sus organizaciones. Ambas han coexistido a lo largo de la historia con intensidades y motivaciones diferentes según el contexto.

Orígenes y primeros documentos

El primer documento antimasónico conocido data de 1698, cuando se imprimió en Londres un folleto redactado por un ministro presbiteriano llamado Winter. El texto advierte contra los «Freed Masons», a los que califica de «secta diabólica» y «Anticristo», y exhorta a los lectores a no mezclarse con ellos. Este escrito constituye el testimonio más antiguo conservado de oposición pública a la masonería y refleja la animadversión que la institución despertó desde sus primeras décadas de existencia organizada.

El contexto de esta primera manifestación antimasónica es el de la Inglaterra posterior a la Revolución Gloriosa, donde las tensiones religiosas entre protestantismo y catolicismo y las sospechas hacia las sociedades secretas creaban un clima propicio para la difusión de panfletos denunciatorios.

Antimasonería religiosa

La oposición religiosa a la francmasonería ha sido una constante histórica, particularmente intensa en el seno de las religiones abrahámicas. Las críticas teológicas han cuestionado el carácter adogmático de la institución, su tolerancia hacia distintas creencias y su metodología iniciática, considerada por algunos incompatible con la ortodoxia religiosa.

Un hito significativo fue la celebración del Congreso Antimasónico Internacional en Trento (Italia) en 1896, patrocinado por el papa León XIII y el Imperio Austrohúngaro. Este evento consolidó la coordinación de los esfuerzos antimasónicos de inspiración católica y dio proyección internacional a las denuncias contra la institución.

La masonería, por su parte, se define a sí misma como adogmática, integrada por librepensadores y humanistas, tolerante y democrática. Se autodefine como institución iniciática y filosófica, escuela moral, y niega ser una religión, aunque su metodología iniciática tiene formulación ritualística y liturgia. Esta autodefinición ha sido objeto de controversia permanente con sus críticos religiosos.

Antimasonería política por países

Alemania

El 22 de junio de 1784, el príncipe-elector de Baviera, duque Carlos Teodoro, aprobó un edicto contra los Iluminados de Baviera, la masonería y cualquier sociedad no autorizada por la ley. Este decreto constituye uno de los primeros ejemplos de prohibición estatal de la masonería en Europa.

Posteriormente, el régimen nacionalsocialista prohibió la masonería en Alemania y la sometió a persecución sistemática, al considerarla una fuente potencial de oposición.

Chile

En Chile, el dirigente independentista José Miguel Carrera denunció a la Logia de Lautaro por desavenencias políticas, llamándola «órgano de corrupción». Carrera había sido iniciado en la Logia de San Juan n.º 1 de Filadelfia en marzo de 1816.

Según algunas acusaciones, no probadas, la logia estuvo implicada en la muerte de Manuel Rodríguez, asesinado, al parecer, por órdenes de esta. Bernardo O’Higgins, Gran Maestre de la logia, depuso su cargo tras estos hechos. Estos acontecimientos no se atribuyen a la masonería en sí, sino a conflictos entre logias específicas, y han provocado movimientos antimasónicos en Chile.

Costa Rica

A finales del siglo XIX se fundó en Costa Rica el partido Unión Católica, de orientación antimasónica. Uno de los requisitos para ser miembro era no ser masón, lo que evidencia la articulación política de la oposición a la institución.

Cuba

El caso cubano presenta particularidades notables. En los regímenes de izquierda se ilegalizó generalmente la francmasonería, excepto en Cuba. Durante la Revolución y los primeros tiempos del gobierno revolucionario, la masonería respaldó a la Revolución, pero la radicalización posterior provocó que algunos altos funcionarios abandonaran el país.

El ex Gran Maestre J. J. Tarajano fundó en Estados Unidos la Gran Logia de Cuba en el exilio, reconocida en la Conferencia de Grandes Maestros de Washington. Sin embargo, los masones cubanos proclaman que la Gran Logia con sede en La Habana es la única regular, reconocimiento que finalmente se dio en la V Conferencia de la Confederación Masónica Interamericana. En Miami se encuentra la Gran Logia de Cuba en el exterior, no aceptada como legítima por la masonería americana.

En 1962, el gobierno cubano cerró el templo masónico de La Habana y arrestó a los Gran Maestros. Tras estas etapas de represión, la masonería cubana entró en decadencia. Desde 1982, con la apertura del sistema a instituciones no gubernamentales, el número de adeptos ha aumentado. La Gran Logia de Cuba aceptada tiene sede en La Habana, y Cuba es uno de los países latinoamericanos con mayor número de masones: 314 logias y aproximadamente 29 000 hermanos.

Según el folclore cubano, Fidel Castro «desarrolló un cariño por los masones cuando le dieron refugio en una logia masónica» en los años 1950, aunque se trata de una afirmación legendaria no documentada. También se ha afirmado, sin verificación, que Castro mantuvo a los masones «con una correa corta» por considerarlos un elemento subversivo y posible refugio de disidentes.

Ecuador

Durante la segunda presidencia de Gabriel García Moreno se proscribieron las sociedades secretas y se negó la ciudadanía a sus miembros, lo que supuso una proscripción de las actividades masónicas en el país.

Egipto

En 1952, tras el derrocamiento del rey Faruk por Gamal Abdel Nasser, se prohibió la masonería en Egipto.

España

Antes de la Primera Guerra Mundial, el carlista Juan Vázquez de Mella presentó a las Cortes una petición para declarar ilegal la masonería, considerándola facciosa y traidora a la patria, y solicitó la expulsión de los masones de los empleos públicos. En 1927, bajo la dictadura, se produjeron nuevas medidas contra la institución.

Estados Unidos

En 1826, William Morgan desapareció en Batavia, Nueva York. Se alegó que fue secuestrado y asesinado por masones tras amenazar con publicar los rituales. La desaparición es un hecho histórico, pero la autoría masónica es una alegación no probada.

La desaparición de Morgan provocó protestas y sospechas contra la masonería que llevaron a la creación del Partido Antimasónico, bajo el liderazgo de Thurlow Weed. El partido presentó candidatos presidenciales en 1828 y 1832, y se disolvió en 1835 excepto en Pensilvania. William A. Palmer (Vermont) y Joseph Ritner (Pensilvania) fueron elegidos gobernadores en plataformas antimasónicas.

John Quincy Adams, presidente durante el asunto Morgan, objetó el juramento de secreto y declaró: «La masonería debería ser abolida para siempre. Es mala – esencialmente mala – una semilla de mal que nunca puede producir bien». Adams extendió su tolerancia a los masones que se habían unido antes de la desaparición de Morgan, de quienes dijo que habían sido sorprendidos y que habían prestado los juramentos sin reflexionar.

Se aprobaron leyes reguladoras y restrictivas en varios estados. En Vermont (1833) se promulgó legislación antimasónica, incluida la criminalización de prestar y tomar juramentos innecesarios. El estado de Nueva York promulgó una Ley de Órdenes Benéficas para regular tales organizaciones.

Asia

En 1938, un representante japonés en el congreso Welt-Dienst / World-Service, organizado por Ulrich Fleischhauer, declaró que la «judeo-masonería» forzaba a China a atacar Japón y que Japón estaba en guerra no con China sino con la masonería (Tiandihui), representada por el general Chiang Kai-shek, sucesor del masón Sun Yat-sen.

Europa

En el siglo XIX, la denuncia intensa de la masonería por su supuesto control de la sociedad y el gobierno se convirtió en doctrina estándar del pensamiento y la acción contrarrevolucionarios, según señalan los historiadores Simon Sarlin y Dan Rouyer.

Críticas doctrinales y debates internos

La masonería ha sido objeto de críticas doctrinales que cuestionan sus fundamentos filosóficos y su comportamiento ético. El pensador Alain de Benoist la describe como «sociedad secreta pero visible», aludiendo a la paradoja de una institución que mantiene reservas sobre sus rituales pero desarrolla una actividad pública visible.

Se ha criticado la desviación de las tres columnas masónicas (Fuerza, Sabiduría, Belleza) respecto a los tres trascendentales del ser (Verdad, Bondad, Belleza). En el contexto político, se ha alegado que la masonería especulativa (posterior a 1723) era ambigua respecto a la traición, a diferencia de la masonería operativa. La antigua Enciclopedia Católica alega que la desaprobación masónica de la traición no es moral, sino por inconveniencia para otros masones.

Frente a estas críticas, se cita a Albert Mackey: «Si la traición o la rebelión fueran crímenes masónicos, casi todos los masones de las colonias americanas en 1776 habrían sido expulsados». La masonería asigna a sus miembros el deber de ser «súbditos pacíficos, verdaderos con su gobierno y justos con su país», y de no apoyar la deslealtad o la rebelión.

Los regímenes comunistas persiguieron la masonería, excepto en Cuba. Escritores masónicos afirman que el lenguaje de los regímenes totalitarios es similar al de otros críticos modernos de la masonería.

Conclusión

La antimasonería constituye un fenómeno histórico recurrente que ha adoptado formas muy diversas: desde la crítica teológica y doctrinal hasta la persecución política violenta, pasando por la discriminación legal y la creación de partidos políticos específicamente antimasónicos. Su estudio requiere distinguir entre hechos documentados —edictos, leyes, declaraciones, congresos— y leyendas o alegaciones no probadas, como la autoría masónica de ciertos crímenes o el supuesto refugio de Fidel Castro en una logia. Esta distinción es esencial para comprender un fenómeno que ha acompañado a la masonería desde sus orígenes.

Fuentes