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Masonería en México: historia, ritos y mitos fundacionales

Redacción Cámara de Maestro · 1 de agosto de 2026

La masonería en México es la tradición masónica desarrollada en el territorio mexicano desde la segunda mitad del siglo XVIII, caracterizada por la coexistencia de diversos ritos —principalmente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el Rito Nacional Mexicano y el Rito York— y por su estrecha vinculación histórica con el liberalismo y la construcción del Estado mexicano. Surgida oficialmente con la independencia del Primer Imperio mexicano en 1821, la masonería mexicana ha mantenido desde entonces una presencia continua en la vida pública del país, con logias masculinas mayoritarias junto a logias femeninas y mixtas que han ido ganando espacio desde el siglo XIX.

Orígenes y época colonial

La presencia masónica en el México colonial se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando emigrantes franceses asentados en la capital de la Nueva España introdujeron las primeras prácticas masónicas. Estos primeros masones fueron acusados y condenados por la Inquisición local, que veía en la masonería una amenaza a la ortodoxia religiosa y al orden colonial. Los archivos inquisitoriales constituyen, paradójicamente, una de las principales fuentes documentales de este período, aunque su valor probatorio es limitado: el cargo de pertenencia a la masonería era empleado con frecuencia para condenar sin posibilidad de defensa, por lo que las acusaciones no siempre se correspondían con una afiliación real.

Se considera probable, aunque sin sustento documental, la existencia de logias itinerantes en el ejército realista español destacado en Nueva España. Asimismo, es posible que algunos criollos autonomistas e independentistas, vinculados a las ideas ilustradas del siglo XVIII, hubieran tenido contacto con la masonería, aunque esta hipótesis no cuenta con pruebas concluyentes. La historiadora Virginia Guedea ha señalado la similitud estructural entre las sociedades patrióticas de finales del siglo XVIII y principios del XIX y las logias masónicas, lo que sugiere una influencia organizativa más que una filiación directa.

Guerra de Independencia y mitos fundacionales

La Guerra de Independencia de México (1810-1821) ha sido objeto de una abundante mitología masónica, en gran parte alimentada por la obra del político liberal José María Mateos, Historia de la masonería en México desde 1806 hasta 1884, publicada en 1884. Según la tradición recogida por Mateos, que no aportó documentación probatoria, pertenecieron a la masonería los caudillos independentistas Miguel Hidalgo, José María Morelos e Ignacio Allende, a quienes sitúa como iniciados en la logia «Arquitectura Moral», ubicada en la calle de las Ratas número 4 —hoy Bolívar número 73— de la Ciudad de México. La misma tradición atribuyó a una logia masónica del rito escocés el asesinato de Agustín de Iturbide, afirmación igualmente carente de pruebas.

Otros personajes del período han sido señalados como masones, entre ellos Vicente Guerrero y el fraile Servando Teresa de Mier. En el caso de Teresa de Mier, se sabe que se incorporó al ejército español en la Península y que en Cádiz ingresó en la sociedad patriótica «Caballeros Racionales», pero su pertenencia masónica es una hipótesis no documentada. Historiadores como León Zeldis Mandel y José Antonio Ferrer Benimeli han advertido que la masonería latinoamericana ha construido su propia mitología, alejándose de la cientificidad histórica, y que muchas de estas atribuciones deben ser tratadas con cautela.

Primer Imperio y primera república (1821-1830)

Tras la independencia, las pocas logias existentes salieron a la luz y se multiplicaron rápidamente. Desde 1821 hasta 1982, buena parte de los gobernantes de México presumiblemente pertenecieron a la masonería, aunque esta afirmación requiere matices y verificación caso por caso.

En este período se configuró la división fundamental de la masonería mexicana. Por un lado, Joel R. Poinsett, agente y ministro plenipotenciario estadounidense entre 1822 y 1823, promovió la creación de logias del Rito York, proclives a los intereses de Estados Unidos. Por otro lado, masones cercanos al liberalismo español de Rafael del Riego y la Revolución de 1820 formaron la Logia Escocesa del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, encabezada por el médico barcelonés Manuel Codorniu Ferreras, quien a través de su periódico El Sol defendió la república, se opuso a la monarquía de Iturbide y propugnó la exclusión de la Iglesia católica de la educación y la sociedad civil. Codorniu fundó también la Compañía Lancasteriana en México.

Las logias yorkinas se asociaron al liberalismo estadounidense, mientras que las escocesas se vincularon al liberalismo español. En 1825, masones que no se identificaban con ninguna de las dos opciones fundaron el Rito Nacional Mexicano, de corte nacionalista, que buscaba un modelo político propio para el país. La historiografía reciente ha desmentido la simplificación que identifica a los yorkinos con los liberales y a los escoceses con los conservadores, calificándola de «despropósito y simplificación histórica»; la relación entre ritos masónicos y facciones políticas fue mucho más compleja y ha sido escasamente estudiada.

Siglo XIX: expansión y consolidación

A lo largo del siglo XIX, la masonería mexicana se asoció al liberalismo y a la reducción de la influencia política de la Iglesia católica, apoyando ideas de gobierno secular, educación pública, libertad de conciencia y separación Iglesia-Estado, aunque el grado de influencia directa de las logias en estas políticas es objeto de debate historiográfico.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado experimentó una notable expansión en la segunda mitad del siglo. En 1860, Charles Laffon de Ladebat, masón vinculado al Rito Escocés de la Jurisdicción Sur de Estados Unidos, viajó a Veracruz y participó en el establecimiento del Supremo Consejo de México. No obstante, existieron disputas entre distintas organizaciones escocesas sobre linaje, reconocimiento, ritual y jurisdicción, por lo que no puede afirmarse sin matices que una sola organización ejerciera la autoridad nacional exclusiva.

Durante la Intervención francesa y el Segundo Imperio Mexicano, logias militares francesas vinculadas al Gran Oriente de Francia operaron en territorio mexicano; la mayoría desapareció tras la retirada de las tropas francesas. Entre los presidentes mexicanos identificados como masones por la historiadora Karen Racine figura Antonio López de Santa Anna, aunque esta atribución no está documentalmente probada en las fuentes disponibles.

Mujeres y masonería

A finales del siglo XIX, algunos masones mexicanos apoyaron la educación femenina y la creación de logias para mujeres, aunque esta iniciativa resultaba controvertida en organizaciones que limitaban la membresía plena a varones. La escritora y educadora Laureana Wright de Kleinhans participó activamente en los debates sobre la mujer y la masonería mexicana, argumentando contra la exclusión de las mujeres de la institución. En la actualidad, conviven en México logias masculinas, mayoritarias, junto a logias femeninas y mixtas, reflejo de un proceso de apertura que se inició en el siglo XIX y que continúa desarrollándose.

Historiografía y fuentes

El estudio histórico de la masonería mexicana presenta dificultades específicas. Las fuentes inquisitoriales, aunque abundantes, no son concluyentes por el uso político del cargo de masonería. Las sociedades patrióticas, por su parte, presentan similitudes estructurales con las logias, lo que dificulta distinguir entre ambas. La mitología masónica construida en el siglo XIX, ejemplificada en la obra de Mateos, ha contaminado parte de la tradición historiográfica. Autores como Virginia Guedea, León Zeldis Mandel, José Antonio Ferrer Benimeli y Karen Racine han contribuido a un análisis más riguroso, aunque persisten numerosas lagunas documentales.

En el siglo XXI, la masonería mexicana mantiene su presencia con los tres ritos históricos —Escocés, Nacional Mexicano y York—, a los que se suman de forma muy minoritaria logias de origen inglés. La institución continúa siendo un fenómeno relevante para comprender la historia política y cultural de México, aunque su estudio requiere distinguir cuidadosamente entre hechos documentados, hipótesis plausibles y tradiciones legendarias.

Fuentes