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Francmasonería: historia y características

Redacción Cámara de Maestro · 7 de julio de 2026

La francmasonería es un conjunto de organizaciones fraternas de carácter iniciático que traza su origen en los gremios medievales de canteros. Considerada una de las sociedades fraternas seculares más antiguas en funcionamiento continuo, su naturaleza ha sido descrita en algunos contextos como sociedad secreta, mientras que otras fuentes la consideran una organización discreta. Las logias masónicas se organizan en distintas obediencias y pueden seguir diferentes ritos masónicos. En la mayoría de las obediencias, la masonería se organiza en tres grados fundamentales: aprendiz, compañero y maestro masón, constituyendo lo que se denomina masonería simbólica o “azul”. Existen además organizaciones vinculadas que requieren el grado de maestro masón para la afiliación.

Etimología del término

El término “masón” proviene del francés y significa albañil o constructor. En Inglaterra, hacia 1350, apareció la denominación free-stone-mason para designar a los albañiles que trabajaban piedra de calidad superior, mientras que se denominaba rough-stone-mason a quienes trabajaban piedra tosca para sillerías. Para algunos autores, free-stone-mason se habría simplificado como free-mason. Para otros autores, la palabra “free” se debe a que desde el año 614 el papa Bonifacio IV liberó a los constructores de leyes locales, permitiéndoles viajar incluso en tiempos de guerra, aunque esta última interpretación no es un hecho documentado universalmente aceptado por la historiografía. En el siglo XVIII el término se extendió a Europa continental como franc-maçon en francés y francmasón en español.

La masonería operativa: los gremios medievales de constructores

La masonería evolucionó a partir de los gremios de canteros y constructores de catedrales de la Edad Media. Estos gremios ofrecían a sus miembros vida social, beneficios, protección salarial y control de calidad en el trabajo. La identidad de los miembros se protegía mediante palabras secretas y apretones de manos, que permitían el reconocimiento mutuo entre canteros que viajaban de una obra a otra.

Un hito documentado en la historia de la masonería operativa se produjo en 1598, cuando William Schaw, maestro de obras de Jacobo VI de Escocia, redactó unos estatutos que fueron aprobados por los masones del reino. Estos estatutos regulaban la actividad de los gremios y establecían normas para la formación y el reconocimiento de los canteros.

Con el declive de la construcción de catedrales, muchas logias operativas comenzaron a experimentar dificultades económicas. Para reforzar su membresía, algunas logias empezaron a aceptar miembros honorarios que no eran canteros. Registros escoceses desde al menos la década de 1650 muestran gremios de masones con problemas económicos admitiendo como miembros a parientes o figuras prominentes que no pertenecían al oficio de la construcción.

La transición a la masonería especulativa

Estos miembros honorarios no canteros se sentían atraídos por las habilidades de los maestros masones en geometría y arquitectura, así como por el misticismo renacentista, que incluía corrientes como la alquimia y el hermetismo. La masonería ha sido considerada por sus propios miembros como depositaria de saberes secretos ancestrales, cercana a la noción rosacruz de alquimia como “regeneración espiritual” y a la doctrina hermética, aunque esta es una creencia interna de los miembros, no un hecho histórico verificable.

Un documento fundamental para comprender esta transición es el manuscrito Cooke, redactado hacia 1415. Este manuscrito contiene una leyenda según la cual Yabal escribió su sabiduría sobre geometría y arquitectura en dos pilares antes del Diluvio, y que posteriormente Hermes y Pitágoras los encontraron. Se trata de una tradición mítica contenida en un documento histórico, no de un hecho histórico documentado. El manuscrito Cooke fue la principal fuente de las Constituciones de Anderson de 1723, uno de los textos fundacionales de la masonería especulativa moderna.

A partir de algunas logias operativas se desarrolló la masonería simbólica o especulativa moderna, que pasó de ser un gremio de constructores a convertirse en enclaves de hombres letrados, profesionales educados y comerciantes. Esta nueva masonería especulativa, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, adoptó ritos y atavíos de antiguas órdenes religiosas y hermandades caballerescas.

La fundación de la primera Gran Logia y la influencia ilustrada

En 1717 se fundó en Inglaterra la primera Gran Logia, una asociación de logias que unificó y dio estructura a la masonería especulativa. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la historia de la institución.

Las ideas de la Ilustración fueron más importantes para la difusión de las logias masónicas en Europa que la continuación de la tradición de logias de constructores. En el siglo XVIII, la masonería representaba la única institución que podía escapar de las pretensiones absolutistas del Estado y de la rígida separación de estamentos sociales. Las logias ofrecían un espacio de encuentro entre individuos de diferentes orígenes, unidos por ideales de fraternidad, tolerancia y búsqueda del conocimiento.

Debates historiográficos y leyendas

La historia de la masonería combina hechos documentados con tradiciones y leyendas que forman parte de su patrimonio simbólico. Es necesario distinguir entre los acontecimientos verificables, como la redacción de los Estatutos de William Schaw en 1598, la fundación de la primera Gran Logia en 1717 o la publicación de las Constituciones de Anderson en 1723, y las tradiciones internas, como la leyenda del manuscrito Cooke sobre Yabal y los pilares, o la interpretación sobre la liberación de los constructores por el papa Bonifacio IV. Estas últimas constituyen creencias y relatos simbólicos propios de la tradición masónica, no hechos históricos documentados.

De la cantera al templo moral

La francmasonería ha recorrido un largo camino desde los gremios medievales de canteros hasta convertirse en una sociedad iniciática de carácter filosófico. Lo que comenzó como una organización laboral para la protección y regulación del oficio de la construcción se transformó, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, en una institución fraterna que utiliza el simbolismo de la construcción y la arquitectura como vehículo para la enseñanza moral y el perfeccionamiento humano. La permanencia de valores como la fraternidad, la tolerancia, la libertad de conciencia y la filantropía ha permitido a la masonería mantener su continuidad hasta la actualidad, constituyendo una de las tradiciones iniciáticas más longevas y extendidas del mundo occidental.

Fuentes