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Jachín y Boaz: Las Columnas del Templo de Salomón

Redacción Cámara de Maestro · 19 de julio de 2026

Jachín y Boaz son los nombres de dos columnas de bronce que, según la Biblia, se erguían en el pórtico del Templo de Salomón, el Primer Templo de Jerusalén. Mencionadas en los libros de 1 Reyes, Jeremías y 2 Reyes, estas columnas no eran elementos estructurales de soporte, sino que probablemente estaban exentas, basándose en la evidencia arqueológica comparativa de columnas similares encontradas en otros templos del antiguo Cercano Oriente. Su nombre y simbolismo han trascendido el contexto bíblico para influir en la arquitectura religiosa, la masonería y diversas manifestaciones culturales.

Descripción bíblica y dimensiones

Las fuentes bíblicas proporcionan una descripción detallada de estas columnas. Según el libro de 1 Reyes (7:13–22, 41–42), fueron fabricadas por un artesano cananeo llamado Hiram, quien también trabajó en otros elementos del Templo. Las columnas medían 18 codos de alto y 12 codos de circunferencia, lo que equivale aproximadamente a 8,2 metros de altura y 1,8 metros de grosor, según medidas modernas. Eran huecas, con un grosor de cuatro dedos, como se especifica en Jeremías 52:21–22.

Los capiteles, también de bronce, alcanzaban una altura de 8 pies (2,4 metros) y estaban ricamente decorados. Sobre cada capitel había redes de tablero de ajedrez, rodeadas por siete cadenas, y decoradas con hileras de 200 granadas. Los capiteles estaban rematados con lirios de bronce, un motivo vegetal que evocaba la fertilidad y la vida. Esta ornamentación, que combinaba elementos geométricos y naturales, reflejaba el esplendor artístico del Templo de Salomón.

Historia y destrucción

Las columnas Jachín y Boaz no sobrevivieron a la destrucción del Primer Templo por los caldeos en el año 586 a. C. El libro de Jeremías (52:17) reporta que «los caldeos rompieron las columnas de bronce de la Casa del Señor», un relato similar al de 2 Reyes 25:13. Para facilitar su transporte, las columnas fueron desmanteladas en pedazos y llevadas a Babilonia como botín de guerra.

Cuando se construyó el Segundo Templo, tras el regreso del exilio babilónico, no hay registro de que se fabricaran nuevas columnas para reemplazar a Jachín y Boaz. Esta ausencia documental sugiere que las columnas originales no fueron restauradas, y su recuerdo quedó fijado en los textos bíblicos como un símbolo de la gloria perdida del Primer Templo.

Orientación y debate historiográfico

La ubicación exacta de las columnas en el pórtico del Templo ha sido objeto de debate entre comentaristas y eruditos. Según el rabino Raymond Apple, los comentaristas judíos sobre 1 Reyes 7:21 sostienen que, desde la perspectiva de una persona situada dentro del edificio mirando hacia la entrada al este, Jachín estaba a la derecha (al sur) y Boaz a la izquierda (al norte). Esta interpretación coincide con la del historiador judeorromano del siglo I Flavio Josefo, quien en su obra Antigüedades de los judíos afirma que Jachín (hebreo: יָכִין, «Él/ello establecerá») estaba a la derecha en el pórtico, mientras que Boaz (hebreo: בֹּעַז, «En él/ello [está] la fuerza») estaba a la izquierda. Una nota explicativa de William Whiston, traductor de Josefo, confirma que esta disposición concuerda con la opinión de los comentaristas judíos.

Sin embargo, el arqueólogo alemán Carl Watzinger (1877–1948) asumió un punto de vista diferente: desde el este, mirando hacia el Templo, invirtió la colocación tradicional de las columnas en un dibujo que ha sido utilizado por fuentes posteriores, incluida la Encyclopaedia Judaica. Como resultado, algunas fuentes recientes sitúan a Jachín al norte y a Boaz al sur, en contra de la tradición más antigua. Este debate historiográfico refleja las dificultades para reconstruir con certeza la disposición original del Templo de Salomón.

Significado simbólico

Los nombres de las columnas tienen un significado profundo en la tradición hebrea. Jachín significa «Él establecerá», aludiendo a la estabilidad y la permanencia divina, mientras que Boaz significa «En él [está] la fuerza», evocando el poder de Dios como fundamento del Templo. Juntas, las columnas simbolizaban la presencia divina y la solidez de la alianza entre Dios e Israel. En el contexto del Templo, actuaban como umbral simbólico entre lo profano y lo sagrado, marcando la entrada al espacio donde residía la divinidad.

Influencia cultural

La influencia de Jachín y Boaz se extiende más allá del ámbito bíblico. En la arquitectura religiosa, varias iglesias europeas han incorporado pares de columnas exentas que evocan a las del Templo de Salomón. Ejemplos notables incluyen la iglesia románica de Santa Maria Maggiore en Tuscania (Italia), la Catedral de Würzburg (Alemania) y la Iglesia de Dalby (Suecia). Estas columnas, a menudo flanqueando la entrada principal, reproducen la disposición original como un homenaje simbólico al Templo.

En la masonería, las columnas Jachín y Boaz son un elemento emblemático presente en la mayoría de las logias masónicas. Forman parte del uso simbólico del Templo de Salomón en el ritual masónico, representando la sabiduría, la fuerza y la belleza, así como los principios de establecimiento y fortaleza que guían a la fraternidad. Su presencia en las logias subraya la conexión de la masonería con la tradición salomónica y su búsqueda de perfeccionamiento humano.

En otros ámbitos culturales, Jachín y Boaz han dejado su huella. La ciudad de Jakin, en el estado de Georgia (EE. UU.), toma su nombre de la columna. En el tarot, algunas variantes de la carta «La Suma Sacerdotisa» representan a Boaz y Jachin como símbolos de dualidad y misterio. En la ficción, la novela de Russell Hoban The Lion of Boaz-Jachin and Jachin-Boaz (1973) presenta dos personajes nombrados en honor a las columnas. En la serie de anime Gundam SEED (2002), los accesos a hábitats espaciales están custodiados por fortalezas llamadas «Boaz» y «Jachin Due». Asimismo, en la novela El símbolo perdido (2009) de Dan Brown, el villano Mal’akh lleva imágenes de Jachín y Boaz tatuadas en sus piernas.

Contexto histórico y significado perdurable

Jachín y Boaz representan un vínculo tangible entre el texto bíblico y la cultura material del antiguo Israel. Aunque no se conservan restos arqueológicos directos de las columnas, su descripción en la Biblia y en las obras de Josefo proporciona una ventana a la riqueza artística y simbólica del Templo de Salomón. Su destrucción y la ausencia de reemplazo en el Segundo Templo marcan un punto de inflexión en la historia judía, simbolizando la pérdida de la gloria del Primer Templo y la esperanza de su restauración futura.

El debate sobre su orientación, lejos de ser una mera curiosidad académica, refleja la complejidad de reconstruir el pasado a partir de fuentes fragmentarias. La influencia de Jachín y Boaz en la arquitectura, la masonería y la cultura popular demuestra cómo los símbolos bíblicos pueden trascender su contexto original para adquirir nuevos significados a lo largo de los siglos. Como emblemas de establecimiento y fuerza, estas columnas siguen siendo un recordatorio de la perdurable resonancia del Templo de Salomón en la imaginación humana.

Fuentes