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La cadena de unión: sobre el sentido de la fraternidad

Anónimo · 5 de abril de 2024

La cadena de unión

Al cierre de cada tenida, los hermanos nos tomamos de las manos y formamos la cadena. Es un gesto breve, apenas dura lo que dura una frase, pero en esa brevedad se concentra, a mi juicio, la esencia de lo que somos.

He tardado años en comprender lo que ese momento significa. Durante mucho tiempo lo viví como un rito más, hermoso sin duda, pero cuyo sentido creía haber comprendido desde el primer día: somos hermanos, nos unimos, manifestamos esa unión.

No era suficiente.

Tres cuerpos, una cadena

Lo que empecé a ver más tarde es que en la cadena no participamos solo como individuos. Participamos como el resultado de todo lo que nos ha formado: nuestras logias de origen, los hermanos que ya no están, las generaciones anteriores que construyeron esta Orden piedra a piedra.

Cuando cierro la cadena con el hermano de mi derecha y el de mi izquierda, no estoy solo yo allí. Está el Venerable que me inició. Están los masones del siglo XVIII que escribieron las Constituciones de Anderson. Están los que fueron perseguidos y no cedieron. Están los que vendrán.

La cadena es, en este sentido, también temporal. Nos une con el pasado y con el futuro.

La cadena fuera del templo

Esta es la pregunta que me inquieta desde hace tiempo y que someto a la reflexión de los hermanos: ¿qué queda de la cadena cuando salimos del templo?

No me refiero a si mantenemos el contacto entre nosotros, eso es natural y necesario. Me refiero a algo más profundo: ¿llevamos la actitud de la cadena a nuestras relaciones profanas?

La cadena nos pide tres cosas simultáneas: dar la mano sin soltar la otra, mantenerse firme sin tirar hacia un lado, y confiar en que el círculo se cierra aunque no veamos a todos los que lo forman.

Esas tres cosas son, también, una descripción posible de cómo debería vivir un masón en el mundo.

Para los que vienen detrás

Termino esta plancha con una nota personal. He tenido la fortuna de presidir durante dos años una logia joven, con muchos hermanos en el grado de Aprendiz. Y he observado que la cadena les impresiona siempre, incluso antes de entender del todo por qué.

Quizás porque hay cosas que el cuerpo comprende antes que la mente.

Que cada hermano que lea estas líneas lleve consigo la memoria de la última vez que formó la cadena. No como recuerdo sentimental, sino como ancla. Como recordatorio de lo que somos cuando estamos en nuestro mejor momento.