Libertad, igualdad, fraternidad: raíces masónicas
Tres palabras que cambiaron el mundo
Libertad, igualdad, fraternidad. Esta tríada, grabada hoy en los frontispicios de tantas instituciones, resuena de manera especial en el corazón de todo masón. No reclamo para nuestra Orden la paternidad exclusiva de estos ideales, pero sí afirmo un profundo parentesco: los valores que la Masonería cultiva en el Templo son los mismos que esa divisa proclamó para la sociedad entera. Llevo media vida meditando sobre estas tres palabras, y cuanto más las pienso, más difíciles y más necesarias me parecen.
La libertad del hombre interior
La primera palabra es libertad. Para el masón, no es solo ausencia de cadenas externas, sino conquista interior. Llamamos al iniciado “hombre libre”, y no por casualidad. La verdadera esclavitud es la de las pasiones, los prejuicios, la ignorancia. El que obra movido por la ira, el miedo o la avaricia no es libre, aunque ningún tirano lo encadene. La Masonería nos enseña a liberarnos primero de nosotros mismos. Solo el dueño de sus pasiones puede ser, de verdad, un ciudadano libre. La libertad política sin libertad interior produce hombres sueltos, no hombres libres.
La igualdad bajo el nivel
La segunda es igualdad. Ya he hablado en otra ocasión del nivel, esa herramienta que la proclama. Aquí solo añadiré que la igualdad masónica no niega las diferencias de talento ni de mérito, sino que afirma la igual dignidad de todo hombre. Bajo el nivel, el rico y el pobre, el sabio y el sencillo son hermanos. Esta igualdad esencial, vivida cada tenida, es la semilla de toda justicia social. Quien ha aprendido a tratar de igual a igual al hermano de condición humilde no podrá luego, fuera del Templo, despreciar a nadie por su origen.
La fraternidad que las sostiene
La tercera, fraternidad, es la que me parece a la vez más bella y más olvidada. Se habla mucho de libertad y de igualdad, poco de fraternidad. Y sin embargo es la clave de bóveda. Porque libertad e igualdad, solas, entran en conflicto: la libertad sin freno engendra desigualdad, y la igualdad impuesta ahoga la libertad. ¿Qué las reconcilia? La fraternidad. Solo entre hermanos que se quieren puede haber a la vez libertad y igualdad, pues el afecto pone límite a mi libertad sin necesidad de coacción, y me hace desear para el otro lo que deseo para mí.
La difícil armonía de las tres
He aquí la enseñanza más honda. Las tres palabras, tomadas por separado, se vuelven peligrosas. La libertad sola degenera en ley del más fuerte. La igualdad sola degenera en nivelación tiránica. La fraternidad sola, sin libertad ni igualdad, degenera en clan cerrado. Solo juntas, en tensa armonía, se sostienen y se corrigen mutuamente. Sostener las tres a la vez es un arte de equilibrio dificilísimo, que ninguna sociedad ha logrado plenamente. La logia es un laboratorio donde ensayamos esa armonía en pequeño, con la esperanza de aprender a extenderla.
Del Templo a la plaza
Algunos hermanos creen que estos valores deben quedarse dentro del Templo. Yo pienso lo contrario. La Masonería no nos forma para gozar egoístamente de la fraternidad entre cuatro paredes, sino para llevar al mundo lo que aquí aprendemos. El masón que vive la libertad, la igualdad y la fraternidad en la logia y luego, en la calle, oprime, desprecia o desprecia, es un hipócrita. El trabajo interior está al servicio de un compromiso exterior. La cantera del Templo prepara constructores para la ciudad de los hombres.
Una herencia exigente
Concluyo con gratitud y con inquietud. Gratitud, porque he recibido estos tres valores como una herencia luminosa que ha dado sentido a mi vida. Inquietud, porque sé lo frágiles que son y lo fácil que es traicionarlos. Cada generación debe reconquistar la libertad, reafirmar la igualdad y reavivar la fraternidad, pues nada de ello está garantizado para siempre. Esa es nuestra tarea de masones: no solo proclamar estas palabras, sino encarnarlas, día tras día, en el Templo y en el mundo. Libertad, igualdad, fraternidad no son un lema grabado en piedra; son un trabajo que nunca termina y que a cada uno de nosotros nos toca continuar.