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El Libro Sagrado de la Ley y su presencia en el altar

Anónimo · 18 de junio de 2025

Un libro abierto en el centro

Sobre el ara de la logia, junto al compás y la escuadra, reposa siempre un libro abierto: el Volumen de la Ley Sagrada. Cuando entré por primera vez al Templo, me llamó la atención esa presencia silenciosa en el corazón mismo de los trabajos. ¿Por qué un libro, y abierto, en el centro de todo? Como Aprendiz que apenas comienza a comprender, he meditado mucho sobre este símbolo, y quiero compartir lo que voy entendiendo de su honda significación.

La verdad que nos precede

Lo primero que el Libro abierto me enseña es que existe una verdad que nos precede y nos supera. No somos nosotros la medida de todas las cosas. Hay una ley superior, un orden, una palabra que está ahí antes que nosotros y que preside nuestros trabajos. El Libro sobre el ara nos recuerda que no construimos según nuestro capricho, sino bajo la mirada de algo más alto. Esta humildad fundamental, reconocer que no somos el origen de la verdad, sino sus buscadores, me parece la raíz de toda actitud iniciática seria. El que se cree dueño de la verdad ha dejado de buscarla.

Abierto, no cerrado

No es un detalle menor que el Libro esté abierto. Un libro cerrado guarda su secreto; un libro abierto lo ofrece. La verdad, en la Masonería, no se esconde: se propone a quien quiera leerla. Pero un libro abierto exige también ser leído, estudiado, meditado. No basta con su presencia: reclama nuestro trabajo. El Libro abierto sobre el ara es una invitación permanente al estudio, una llamada a no dejar la verdad como adorno mudo, sino a abrirla en nuestra inteligencia y en nuestra vida. La verdad ofrecida espera ser acogida.

El respeto a cada conciencia

Aquí llego a lo que más me ha conmovido de este símbolo. La Masonería no impone qué Libro Sagrado debe estar sobre el ara, sino que respeta la tradición de cada hermano y de cada obediencia. Para unos será una escritura; para otros, otra; en logias de hermanos de distintas creencias, puede haber varios. Lo esencial no es el libro concreto, sino lo que representa: una ley moral superior reconocida por la conciencia. Este respeto a la diversidad de creencias, sin renunciar a la afirmación de una verdad superior, me parece de una delicadeza admirable. Cada hermano honra el Libro según su propia conciencia, y todos se reconocen en el símbolo común.

El fundamento de los juramentos

Sobre el Libro abierto se prestan los juramentos. Y esto le da un peso particular. Jurar sobre el Volumen de la Ley Sagrada es comprometerse no solo ante los hombres, sino ante esa verdad superior que el Libro simboliza. Cuando presté mi juramento de Aprendiz, la mano sobre el Libro abierto, sentí que mi palabra quedaba anclada en algo más firme que mi mera voluntad. El Libro da gravedad al compromiso. No prometo solo ante mis hermanos, que podrían perdonarme una falta; prometo ante la ley moral misma, que no se engaña ni se soborna. Esa conciencia hace del juramento algo sagrado.

La luz de las tres grandes luces

El Libro Sagrado forma, con el compás y la escuadra, las tres grandes luces de la logia. Esta asociación me ha hecho pensar. La escuadra rige la conducta terrestre; el compás, las aspiraciones espirituales; y el Libro, la verdad moral que da sentido a ambas. Sin el Libro, la escuadra y el compás serían meras herramientas; con él, se convierten en instrumentos al servicio de un orden superior. El Libro abierto es, por así decirlo, el alma de las tres luces, lo que orienta el trabajo de las otras dos hacia un fin que las trasciende. Las tres juntas iluminan el Templo y la vida del masón.

Leer toda la vida

Concluyo con un propósito, más que con una conclusión, pues soy aún Aprendiz y mucho me queda por comprender. El Libro abierto sobre el ara no está ahí para ser contemplado de lejos, sino para ser leído toda la vida. Me propongo no dejarlo nunca cerrado en mi corazón: buscar la verdad que representa, meditarla, dejar que ilumine mis actos. Sé que jamás agotaré su sentido, como ningún masón agota el suyo. Pero esa es justamente la belleza del símbolo: un libro abierto que nunca se termina de leer, una verdad que siempre nos espera un poco más adelante. Mientras quede un masón en el Templo, el Libro permanecerá abierto sobre el ara, invitándonos a buscar, con humildad y sin descanso, la luz que en él se ofrece.